lunes, 16 de diciembre de 2013

Amnesia.

Puedes intentar ignorar lo que está fuera, aislarte para no hacerte más daño. Pero cuando lo tienes todo dentro te encierras sola con tus volcanes de emociones y recuerdos, y se hace más difícil obviarlo. Te alejas y se alejan, y miras a los que un día fueron los primeros, importantes e indispensables, con suspiros en los labios y un nudo de palabras atascado en tu garganta que no hace más que ahogarte.

Te estancas, te pierdes a ti y pierdes a quien fuiste alguna vez. Y es entonces cuando intentas recordar como te sentías cuando aun estabas fuera, antes de encogerte. Pero a tu alrededor ya solo hay gris. Y el gris te envuelve ahogándote y congelando tus dedos, apartando todo lo que estuvo antes que él. Celoso y posesivo, no te deja salir ni deja que nadie entre. Quizá la parte positiva sea que emborrona los detalles de lo que no te apetece revivir, eso que tanto duele y que te abrasa como el hielo, pero tampoco va a dejarte ver cómo conseguías que todo fuera tan fácil.

El gris se enreda en tus pestañas y te acuna. Y en gris te conviertes. Porque es cierto que el negro es más oscuro, pero en el gris no hay nada. Solo gris.

No hay comentarios:

Publicar un comentario