lunes, 13 de enero de 2014

¿Qué hay más grande que la luna?

El preámbulo de un alma. El café del mediodía. La luna de las cuatro que una noche te sonríe por la ventana, porque no hay nadie más lo suficientemente atento para darse cuenta de que ahí está, y estará siempre, y en ese instante es tuya.

No son solo cosas pequeñas, ni casualidades, ni detalles prescindibles. Son sentimientos infravalorados, recién llegados o guardados durante un tiempo, a veces demasiado, que igual que vienen se van. Pero te dejan pintado su secreto, con un beso.

Como una linea trazada desde el cuello hasta el final de la columna, recorriendo con cuidado cada vétebra, erizando la piel caliente y produciendo que tu cuerpo tiemble bajo un escalofrío, despertando cada célula dormida.
Como el olor suave de una flor fragil y pequeña, que una vez lo has probado no lo olvidas, y, acariciándote, se queda guardado y registrado y se hospeda en tu memoria.
Como la melodía única y delicada que, sin ningún titubeo, dibujan las olas heladas cuando chocan contra la arena caliente, y se abrazan el fuego y el hielo y la tierra y el cielo, y después se van.

No pueden ser simplemente cosas pequeñas. Porque, ¿qué hay mas grande que la luna? La sonrisa que crece en tus labios cuando abres los ojos y aprendes a mirar, y,  reninventándote, descubres que saber valorar es arte.

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