Solo necesitaba un espejo
y tus susurros en mi oído.
Solo ver mi reflejo
cuando encontraba tus dedos
y el resto se había ido.
Y al instante ardía en celos,
y yo no me había movido.
Presente constantemente,
me esforcé, aun más.
Y pintándome un beso en la frente
mi universo te envolvió.
"Conmigo nunca caerás",
tu voz dulce me embaucó.
Te fuiste y nunca te vas.
Te recuerdo todavía;
¡cómo envenenan tus palabras!
Y cinco veces al día
pierdo nuestra partida a las cartas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario