lunes, 16 de diciembre de 2013

Amnesia.

Puedes intentar ignorar lo que está fuera, aislarte para no hacerte más daño. Pero cuando lo tienes todo dentro te encierras sola con tus volcanes de emociones y recuerdos, y se hace más difícil obviarlo. Te alejas y se alejan, y miras a los que un día fueron los primeros, importantes e indispensables, con suspiros en los labios y un nudo de palabras atascado en tu garganta que no hace más que ahogarte.

Te estancas, te pierdes a ti y pierdes a quien fuiste alguna vez. Y es entonces cuando intentas recordar como te sentías cuando aun estabas fuera, antes de encogerte. Pero a tu alrededor ya solo hay gris. Y el gris te envuelve ahogándote y congelando tus dedos, apartando todo lo que estuvo antes que él. Celoso y posesivo, no te deja salir ni deja que nadie entre. Quizá la parte positiva sea que emborrona los detalles de lo que no te apetece revivir, eso que tanto duele y que te abrasa como el hielo, pero tampoco va a dejarte ver cómo conseguías que todo fuera tan fácil.

El gris se enreda en tus pestañas y te acuna. Y en gris te conviertes. Porque es cierto que el negro es más oscuro, pero en el gris no hay nada. Solo gris.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Declive.

Somos la generación de los incomprendidos. La de Pokemon, de Twitter, de las nuevas tecnologías. La de «Sois la peor clase del colegio». La generación de las generaciones, la nuestra. La que los demás no entienden porque no son nosotros. La generación que desearía haber sido de otra generación. La de los miércoles vamos de rosa. La de la música dubstep. Somos la generación del fanatismo, de la histeria descontrolada. La generación de la ansiedad, los ataques de pánico y la inestabilidad. La generación de la gripe A, la de Instagram. La de la obsesión por la delgadez extrema y el culto al cuerpo. La generación del elitismo y el bullying o acoso escolar. Somos la generación que avanza y retrocede y vuelve a avanzar. La generación del teléfono móvil, los reyes del WhatsApp. La del helado de yogur y el frapuccino de caramelo. La de las películas en 3D y los domingos de series y mantita.

Somos la generación que se está perdiendo por el egoismo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Analogía de tercera fase.

Y pasé de ser diurna a totalmente nocturna. Porque por la noche los que adoran al sol mueren hasta que éste vuelve a salir. Porque prefieres discutir con voces a hacerlo con rostros. Porque los susurros te conocen mejor que ellos. Porque prefieres gritarle a la nada que tener que enfrentar cara a cara.
Porque mejor un conocido aunque enemigo a un ignorante y amigo.
Por que eres débil, y tu fuerza levita y se escapa cada vez que tus ojos miran al cielo y el negro se torna azul claro.
Porque eres débil por esconderte en penumbras.
Porque eres débil.

Analogía de segunda fase.

Solo necesitaba un espejo
y tus susurros en mi oído.
Solo ver mi reflejo
cuando encontraba tus dedos
y el resto se había ido.
Y al instante ardía en celos,
y yo no me había movido.

Presente constantemente,
me esforcé, aun más.
Y pintándome un beso en la frente
mi universo te envolvió.
"Conmigo nunca caerás",
tu voz dulce me embaucó.
Te fuiste y nunca te vas.

Te recuerdo todavía;
¡cómo envenenan tus palabras!
Y cinco veces al día
pierdo nuestra partida a las cartas.

Analogía de primera fase.

Olvidando tantas lágrimas derramadas se movía entre las sombras para conducir las de los otros a su destino final. La mandíbula. Aunque no siempre era así, otras morían en las pestañas, o desaparecían por el cuello. Pero siempre era ella quien las llamaba desde abajo, por que abajo es donde estaba, y ahogada entre ellas como moriría.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Dulce introducción al caos.

Y me respiras y te respiro.
Y me conviertes en humo y yo a ti.
Y vivimos, y morimos, y volvemos a vivir.

Y me aceleras y te acelero.
Y me derrites con fuego y yo a ti.
Y vivimos, y morimos, y volvemos a vivir.

Y te vas y me desespero.
Y las flores rozan el caos y yo a ti.
Y vivimos, y morimos y dejamos de vivir.