miércoles, 15 de enero de 2014

Solo van cuatro.

Catastrófico sinfónico apocalíptico y metódico. Mis dedos de alambre clavándose en mi garganta desde vuestras manos ciegas.
Caótica melódica escéptica y metódica. Mi oxígeno cansado, sin pasaporte de mis ahogados pulmones hasta los vuestros.

La tan esperada lluvia resbalando sin pausa por mis pestañas para daros de beber, ciegos de sed, y de ser.
Cien veces mis rosas derramadas por el suelo, goteando, para inhundar vuestro jardín y vaciar mis cables, muertos de sed, y de ser.
Nota por nota hueca mi canción, sin remordimiento, para entonar la vuestra, ávida de sed, y de ser.
Y tras golpes de más, mi clavo hundido en el suelo para no tropezar con vuestros pies, hartos de sed, y de ser.

Y yo, hermética.

martes, 14 de enero de 2014

MI Anáfora.

Todos los días buscaba. ¿Qué buscaba? Buscaba buscar. Llevaba tanto tiempo buscando que ya no sabía qué quería encontrar, ni donde mirar, ni como afrontar lo que encontraría. Buscaba con los ojos ciegos, de forma superficial, pasando por alto todo lo que podría buscar, y encontrar.

Buscaba y devolvía lo que encontraba porque no le gustaba encontrar lo que buscaba. Ahora busca pero no busca y encuentra sin encontrar. Con cuidado, como si buscar fuera el hilo y el encuentro la aguja, que espera afilada y lista para atacar. Porque no quiere encontrar lo que busca, solo buscar para encontrarse, porque alguien la buscó para encontrar algo que, cuando ya encontrado estaba, la dejó de buscar.

Hubo un tiempo en el que buscó y buscó, y probablemente volvió a buscar, pero nunca encontró lo que pensó que encontraría, y tan acostumbrada a buscar y no encontrar, dejo de buscar lo que encontraba y encontró que ya no buscaba esos encuentros a mediodía. Y volvió a encontrar que añoraba buscar, y encontrar.

lunes, 13 de enero de 2014

¿Qué hay más grande que la luna?

El preámbulo de un alma. El café del mediodía. La luna de las cuatro que una noche te sonríe por la ventana, porque no hay nadie más lo suficientemente atento para darse cuenta de que ahí está, y estará siempre, y en ese instante es tuya.

No son solo cosas pequeñas, ni casualidades, ni detalles prescindibles. Son sentimientos infravalorados, recién llegados o guardados durante un tiempo, a veces demasiado, que igual que vienen se van. Pero te dejan pintado su secreto, con un beso.

Como una linea trazada desde el cuello hasta el final de la columna, recorriendo con cuidado cada vétebra, erizando la piel caliente y produciendo que tu cuerpo tiemble bajo un escalofrío, despertando cada célula dormida.
Como el olor suave de una flor fragil y pequeña, que una vez lo has probado no lo olvidas, y, acariciándote, se queda guardado y registrado y se hospeda en tu memoria.
Como la melodía única y delicada que, sin ningún titubeo, dibujan las olas heladas cuando chocan contra la arena caliente, y se abrazan el fuego y el hielo y la tierra y el cielo, y después se van.

No pueden ser simplemente cosas pequeñas. Porque, ¿qué hay mas grande que la luna? La sonrisa que crece en tus labios cuando abres los ojos y aprendes a mirar, y,  reninventándote, descubres que saber valorar es arte.